el drakkar

Los vikingos fueron grandes navegantes que heredaron este arte desarrollado por sus antecesores a lo largo de generaciones. Aquellos ya surcaban expertamente las aguas del norte debido a que los numerosos lagos, ríos, islas, fiordos de estas tierras propiciaron el transporte a través del agua mejor que por una tierra atestada de grandes montañas, espesos bosques o pantanos infectos.

Los navegantes de su época se guiaban básicamente por las estrellas; pero, teniendo en cuenta que los vikingos viajaban, por motivos meteorológicos, en verano y que las noches blancas del norte e incluso la habitual nubosidad impiden la observación del cielo, tuvieron que desarrollar otros sistemas para navegar, como interpretar la forma y dirección de las olas, la dirección de las aves migratorias, la temperatura y humedad de los vientos, las distintas sutiles tonalidades del agua, la presencia de aves marinas o ciertos tipos de peces; además, los expertos timoneles se aprendían de memoria el perfil de las costas.

Las viejas sagas cuentan acerca de la utilización de cuervos: siguiendo la dirección de su vuelo se llegaba a la tierra más cercana. También en alguna saga se habla de la piedra solar; esta piedra se supone que era calcita, que se puede encontrar en una isla del fiordo de Oslo y que tiene la propiedad de polarizar la luz, por lo que era útil en los dí­as nublados, cuando cambiaba levemente de color justo por el lado donde estaba el sol.

La expansión vikinga no hubiera sido posible sin esta gran obra de ingeniería. Construyeron diversos tipos de embarcaciones segíún cual fuese su utilización y qué tipo de aguas tendrían que surcar, aunque el modelo básico era el mismo para todas. ©manuel velasco

La proa y la popa eran iguales; así, en caso de precisar maniobrar hacia atrás, sólo tenían que remar en sentido contrario. La quilla era la parte más importante, para la cual elegían una encina del tamaíño adecuado, ya que tenía que ser de una sola pieza; estaba hecha de forma que la nave sólo precisaba un metro de agua para navegar; así podían introducirse por lugares donde ninguna otra nave podía hacerlo o desembarcar en cualquier playa.

La enorme flexibilidad y resistencia de los delgados tablones de los barcos vikingos se debía a que la madera era cortada con hacha y nunca con sierra, siguiendo las lí­neas radiales del árbol, consiguiendo tablones muy delgados que iban superpuestos unos sobre otros en forma de tingladillo y remachados con clavos de hierro. Los barcos eran así ligeros y maniobrables, con la posibilidad aí±adida de poder ser transportados por tierra cuando la ocasión lo requiriese, como fue en el caso del remonte de los rí­os rusos.

Hoy en día sabemos muchos detalles acerca de estos barcos gracias que eran una de las posesiones más preciadas de cualquier vikingo, su mayor motivo de orgullo. Por eso, en muchos lugares, seguían la costumbre de enterrar a los más ricos dentro de una embarcación. Algunas han llegado a nuestros días casi intactas, como las descubiertas en Noruega, concretamente en Gokstad y de Oseberg. O los encontrados en el fiordo danés de Roskilde (unos y otros cuentan con sus propios museos. este texto es de la web El Drakkar

artículo publicado en Revista de Arqueología

© Manuel Velasco

segunda parte
LANGSKIP Y KNARR

 

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