el drakkar

VIKINGOS EN IRLANDA

A pesar de los innumerables asaltos, incendios y pillajes, fue en Irlanda donde los vikingos se integraron con los nativos más que en ningún otro país, llegando a producirse una profunda ósmosis entre las dos culturas y hasta unas cuantas generaciones de niños "mitad-y-mitad".

barco Pasados unos mil años, apenas queda en Irlanda algo que suponga un testimonio del paso de los vikingos por la isla. Prácticamente sólo perviven las torres que los monjes construyeron en los monasterios para evitar el saqueo de sus tesoros e impedir las matanzas.

Uno de estos es el de Glendalough. Tiene una estructura típica de los monasterios medievales irlandeses, con varios edificios separados entre sí. Desde lejos destaca la gran torre redonda, de gruesos muros de oscura piedra. No tiene ninguna puerta a ras del suelo, sino en una parte elevada a la que sólo se podía llegar por medio de una escalera de cuerdas. 

En ella había un centinela permanente que podía ver grandes distancias en cualquier dirección y que daba la alarma con antelación suficiente. Por supuesto, no necesitaban recoger nada, ya que arriba había un almacén con cajas, odres y sacos de cuero llenos de provisiones y otra habitación donde estaban guardados los grandes tesoros del monasterio (cálices y cruces de oro, profusamente labradas con la típica ornamentación céltica, y, sobre todo, los valiosos manuscritos con tapas de plata y piedras preciosas en la cubierta). Una vez todos arriba, recogían la escalera y esperaban a que los vikingos se marchasen, tras intentar todo tipo de tretas por subir por la pared lisa de la torre. 

espadas La Irlanda de aquellos tiempos era una sociedad medieval cristiana, donde aun se conservaban muchas costumbres de los tiempos paganos (celtas). La isla estaba dividida en cuatro reinos con un Ard Ri , o Rey Supremo, que intentaba gobernarlos a todos. Cosa nada fácil, tal como había sido por milenios, ya que a su vez los reinos estaban fragmentados en infinidad de territorios donde había varias tribus, formadas por clanes, y estos por familias. El jefe del clan más fuerte se convertía en rey de la tribu, lo cual daba una cantidad aproximada de 200 reyes en toda Irlanda. Los reyes de cada provincia estaban por debajo de sus respectivos reyes provinciales y estos a su vez del Ard Rí. Y todos envueltos en continuas guerras entre ellos.

Con ese clima social llegaron los vikingos noruegos -procedentes de las islas Hébridas y Man- en el 893. Realmente no era una situación muy distinta a la que encontraron en otros lugares de la Europa cristiana, dividida y en guerra permanente. Algunos años más tarde, los daneses afincados en la cercana Inglaterra, intentaron adueñarse de la isla, pero los noruegos, ayudados por nuevas expediciones, prevalecieron.

Al principio, aquello no pareció preocuparles mucho a los irlandeses, ya que los nórdicos llegaban en verano y, tras conseguir su botín, regresaban a sus tierras. Los irlandeses habían estado haciendo cosas parecidas en las costas inglesas durante siglos. Incluso su santo más grande, san Patricio, fue un esclavo capturado en Inglaterrra. Aquellas escaramuzas eran algo así como parte del juego, no muy distinto al robo de ganado que se hacían unos a otros continuamente. Por eso, había en Irlanda un código de viejas leyes muy estrictas, pero que no consideran como delito este tipo de robos.

Pero los vikingos, al no encontrar apenas oposición, acabaron asentándose en aquella fértil tierra, creando ciudades portuarias como Dubh Linn (Dublín) o Westfjord (Wexford), o adentrándose por los ríos con sus barcos para levantar granjas en los valles. Había mucha tierra deshabitada, en gran medida porque, con tanta guerra, no daba tiempo a que hubiera gente suficiente para ocupar toda la isla. Y los vikingos no ocasionaron demasiados problemas que los irlandeses no pudieran soportar. Así que se mezclaron con las irlandesas y casi crearon una nueva raza mixta, a cuyos niños los nativos llamaban gail-gaedhil, que venía a ser algo así como "mitad y mitad". Y muchos de jefes y reyes irlandeses se sintieron felices de crear lazos familiares con ellos, de cara a sentirse más poderosos frente a sus propios enemigos. 

Y, al contrario que en otros lugares como Inglaterra donde a todos los nórdicos les llamaban daneses, en Irlanda supieron diferenciar entre los procedentes de Noruega, a los que llamaban finn-gall, y los de Dinamarca, a los que llamaban dubh-gall; a estos últimos también los llamaban lochlainach, ya que su país recibía tradicionalmente el nombre de Lochlann, la Tierra de los Lagos.

mosaico Hubo combates aquí y allá, pero nunca un gran enfrentamiento de fuerza igualadas. Así pasaron los años hasta que llegó Brian Boru.

Siendo niño, aquel hombre había presenciado el saqueo de su pueblo y la muerte de su padre por parte de los vikingos. Fue educado en un par de monasterios y acabó siendo el rey de la región de Munster. A pesar del lógico odio que debía sentir por los vikingos, tomó a uno de sus huérfanos como hijo adoptivo y no dudó en reclutar guerreros nórdicos como mercenarios. Tras muchas victorias consiguió unificar Irlanda e incluso conseguir el título de Ard Rí , a pesar de no pertenecer a la tribu de los Uí Neill, en los que de forma tradicional recaía el nombramiento. 

Pero Brian Boru no quería expulsar a los nórdicos de Irlanda, porque consideraba que ya eran parte integrante del país, tras doscientos años de permanencia. Para unir más los lazos entre los dos pueblos, casó a su hija con Sirtric, el rey de Dubh Linn, y él mismo se casó con Geormalaith, la madre irlandesa del propio Sirtric

Además de mantener la paz con los vikingos, tuvo el extraordinario mérito de mantenerla entre los reyes irlandeses, consiguiendo unos años de inaudita calma, donde todos respetan los acuerdos y las leyes. 

Finalmente, los vikingos le traicionaron instigados por su propia esposa, Geormalaith. Pero, a pesar de que a Dubh Linn llegaron drakkars de muchos asentamientos vikingos cercanos, Brian Boru, a sus 77 años consiguió una gran victoria sobre ellos. Sin embargo, permitió que siguiesen llegando mercaderes nórdicos. Pero, al año siguiente (1014), a pesar de lograr la victoria definitiva, tras 15 años de luchas, en la batalla de Clontarf, Brian murió junto a todos sus hijos.

DUBLIN


EL DRAKKAR