manuelvelasco.com
encrucijadas

faros


 

f A pesar de la implantación de los sistemas automáticos, siempre estará unida al faro la inevitable figura del farero, también llamado torrero, "hombre de pipa y gorra, hermanado con la soledad".

Los últimos fareros españoles tuvieron que pasar sus oposiciones correspondientes para acceder a sus puestos, que no eran para gente cualquiera, ya que se le exigía un mínimo de bachiller superior. Superadas las pruebas, pasaban seis meses en el Centro Técnico de Alcobendas.

Aquellos hombres daban una clara muestra de lo que es vocación. Entre los que aun quedan no es difícil encontrar licenciados universitarios que querían vivir cerca de la naturaleza y del mar. Muchos de ellos terminaron sus carreras desde sus puestos de trabajo; algún otro desarrolló una increíble capacidad artesanal haciendo maquetas de barcos. 

Ya no hay nuevas promociones ni existe el Cuerpo. Pero la figura de aquella especie de robinsones vocacionales permanece con todo su carga de valor, abnegación, capacidad de hacer de la soledad un aliado, siempre dispuesto y con una estabilidad emocional a prueba de locura. Los que viven en familias, deben de tener una compatibilidad absoluta de caracteres, que ya quisieran otros de vida más fácil. Quienes estaban en lugares innacesibles, podían quedar incomunicados durante semanas cuando había un fuerte temporal. 

De los 41 faros con que contaba el mundo clásico, 6 estaban en las costas españolas (Torre de Hércules, Torres del Oeste, Lanzada, Torre del Cepión, Cadiz y Pollensa). A pesar de esta tradición, en España se tardaron muchos siglos en implantar un adecuado sistema de faros, tanto por las condiciones económicas como porque la mayor parte de las costas españolas no son excesivamente peligrosas, ya que no son abundantes las avanzadas de aguas poco profundas con bajos de rocas y arena, que suponen el principal peligro en otros lugares; incluso el clima suele ser más benigno.

Tuvieron que pasar bastantes siglos desde la caída  del Imperio Romano para que se construyesen nuevos faros en Europa, al igual que ocurrió con otras costumbres romanas que tardaron siglos en ser recuperadas.

En algunos sitios se usaban sirenas, cuernos y toques de campana de las iglesias, pero el alcance del sonido era bastante aleatorio teniendo en cuenta las diversas condiciones meteorológicas.

En la Edad Media, de los 28 faros europeos ninguno era español. En 1847 ya había 20 faros documentados.

El primer faro giratorio fue el del Castillo de San Sebastián (Cádiz); dos años más tarde se establece el impuesto de faros, a pagar por los barcos mercantes y se inaugura la Escuela de Torreros en la Torre de Hércules.

El faro español más potente es el Machichaco, en Vizcaya, aunque el más característico es el de la Torre de Hércules, a 1 km al norte de La Coruña (49 m sobre el terreno, 106 sobre el nivel del, mar); fue construido en el siglo II por los romanos aprovechando las bases de otro anterior fenicio, y posteriormente restaurado en el siglo XVIII, después de haber quedado en ruinas tras el ataque del pirata Drake. Su construcción fue tal que además de faro servía como fortaleza y atalaya. Tiene la singularidad de su planta cuadrada, bordeado por una franja que sube en espiral.

 


 

artículo publicado en la revista Aire Libre

© manuel velasco


Un faro en una noche tormentosa es como una antorcha encendida que Prometeo haya arrebatado al Olimpo para ayudar a los marineros que, entre las tinieblas de un mar enfureceido, buscan ávidamente la luz que le indica el camino a seguir.

f
El primer faro que se conoce históricamente es el que dio nombre a este tipo de construcciones: El Pharo de Alejandría, de 110 metros de altura, que duró mil años. Fenicios y romanos, para reforzar sus rutas comerciales, sembraron de faros las costas del mar Negro, las del Mediterráneo y las del océano Atlántico que les llevaban hasta Bretaña.

Otro faro famoso, que tradicionalmente se ha considerado como una de las siete maravillas de la antigüedad, fue el Coloso de Rodas; con forma de figura masculina, se alzaba justo por encima de la entrada al puerto, manteniendo sobre una de sus manos una especie de copa donde se encendía una hoguera por la noche. Un terremoto lo derribó en el 225 aC. y la interpretación de un oráculo impidió reconstruirlo cuando se hizo lo propio con la ciudad.
faro En París se encuentra la Asociación de Autoridades de Faros, que regula los intervalos de luz de cada faro del mundo, ya que todos son distintos entre sí; cada uno utiliza un patrón establecido de intervalos de luz y oscuridad que se repiten periódicamente. Las autoridades competentes de cada país editan un catálogo con la localización y características de las luces de cada faro que se encuentre bajo su jurisdicción. Además de su señalización específica luminosa, de día también pueden ser identificados por la pintura distintiva de su fachada, que ha de tener unos colores con mucho contraste respecto al fondo del paisaje; por eso, los colores predominantes en la mayoría de los faros son el rojo, el blanco y el negro.

f Los modernos sistemas, como el radar, el posicionamiento hiperbólico o, sobre todo, los cómodos, baratos y precisos sistemas de satélite (GPS: Sistema de Posicionamiento Global) han convertido a los faros en meros complementos que, en poco tiempo, serán completamente prescindibles. Quedarán, tal como en su tiempo pasó con los molinos de viento, como referencia histórica o como un mero elemento paisajístico al que ya estamos acostumbrados en nuestras excursiones costeras.

La mayoría están deshabitados, recibiendo cada cierto tiempo la visita del personal de mantenimiento. Los más modernos cuentan con un ordenador que analiza la información recibida de su terminales periféricos y activa los elementos adecuados a cada situación.

 
f
Como en la antigüedad, fueron los pueblos más comerciantes los que reiniciaron en el siglo XII la construcción de faros por las costas europeas; en el sur, fueron los franceses e italianos, al norte, la poderosa Liga Hanseática. Pero los faros más viejos que han llegado hasta nuestros días son posteriores a aquellos, hechos de madera. Pero el verdadero comienzo en la iluminación costera vino cuando se consolidaron países que anteriormente estaban divididos en feudos, señoríos o principados; esto llevó a un nuevo sistema de organización con los correspondientes aumentos del tráfico naval y de las relaciones comerciales entre estados.

Durante siglos, los faros ayudaron a salvar muchas vidas con sus luces producidas por fuegos; el principal problema que tenía este sistema de iluminación era que la continua humareda dejaba opacos los cristales. Una gran revolución supuso el desarrollo de las lámparas de aceite que no producían humo, además de conseguir una luz más clara y potente gracias a la utilización de las nuevas lentes y metales reflectantes, unidos a la nueva aportación que supuso la movilidad de la luz. A partir de 1920, la poderosa luz eléctrica supuso el cambio definitivo. Una simple bombilla de 250 watios era suficiente para que la luz del faro fuese visible a distancias nunca antes igualadas. Más tarde llegaron los flashes de xenón, similares a los utilizados en fotografía, que emiten cortos e intensos fogonazos a intervalos regulares. Y después, todo lo demás...


NOTAS SUELTAS
  • El faro actual más famoso en todo el mundo es la Estatua de la Libertad, situado a la entrada de Nueva York. Fue el primer faro de iluminación eléctrica en Estados Unidos y fue un regalo del gobierno francés.
  • En tiempos de guerra, la luz del faro es un arma de doble filo, ya que también sirve de ayuda al enemigo.
  • En 1988, la Dirección General de Puertos y Costas convocó un concurso de ideas para la construcción de faros. Se construyeron ocho de ellos.
  • El primer Reglamento de Torreros se publicó en el año 1851.
  • El faro de Minots Ledge (Massachussets - USA) desapareció en abril de 1951 en el transcurso de una galerna.
  • En 1824 se publicó en Francia la "Guía de marinos o descripción de todos los faros".
  • El primer faro de obra (los anteriores eran de madera) fue el de Eddystone Rocks, en Inglaterra.
  • El primer faro eléctrico fue el de Dunge Ness, Inglaterra, en 1862.
  • Antes de la implantación masiva de faros, en algunos lugares se encendían fuegos en las torres de las iglesias o se hacían sonar las campanas o se daban cañonazos  .
  • La lámpara de aceite sin humo fue inventada en 1782 por el científico suizo Aimé. El quemador de aceite vaporizado fue inventado en 1910 por Arthur Kitsen. A principios del siglo XX, el sueco Gustaf Dalen desarrolló la iluminación con gas de acetileno. Esto último permitió cierta automatización y se pudieron instalar faros en lugares hasta entonces inaccesibles.
  • La luz de los faros puede ser fija, fija alternativa, con destellos y de ocultaciones, siendo las variantes el color, la intensidad y el tiempo. La secuencia de luz y oscuridad que se repite regularmente se llama fase.