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Maria Kalaniemi y el nuevo folk finlandés
Blog nórdico Finlandia (Suomi para los amigos) Manuel Velasco Si no lo encuentras en tu librería, puedes pedirlo a
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Quienes seguimos habitualmente programas como Diálogos o Discópolis, en Radio 3, hemos tenido la oportunidad a lo largo de los años de tener acceso a ciertos tipos de música, ajenos a las modas de las multinacionales y que nunca pondrán en la MTV o en los 40 Principales. Gracias al loable empeño de gente como Ramón Trecet o José Miguel López, algunas casas de discos acceden a distribuir en nuestro país grabaciones de ciertos artistas, aun a sabiendas de que todos juntos no les aportarán tanto beneficio como una sola mega-estrella que además de cantar aparezca habitualmente en los medios de comunicación ilustrándonos con su interesantísima vida. Entre estos raros y maravillosamente minoritarios artistas está la finlandesa Maria Kalaniemi, de la que los habituales a los citados programas radiofónicos sabemos que es una acordeonista surgida del grupo Niekku y de la Academia Sibelius. Así que, cuando, en mi último viaje, encontré en la librería Akateeminen (la mejor de Helsinki, además de estar diseñada por Alvar Aalto) un precioso disco-libro llamado simplemente Finlandia, con fotografías de Rax Rinnekangas y música de Maria Kalaniemi, no dudé un momento en comprarlo. La obra completa está dedicada a los últimos finlandeses que aun mantienen una forma de vida cercana a sus raíces entre esos dos mundos tan diversos como son Escandinavia y la Madre Rusia. Un texto introductorio de Pekka Hako nos viene a decir que tanto las imágenes como la música son una representación del alma rural de este país, alejada del conocimiento superficial o de los chistes de quienes habitan las grandes ciudades, y donde el paisaje no es sólo el fondo que aparece tras la gente. Rax Rinnekangas (vivió algunos años en España, publicó un libro sobre los vascos y expuso en el Reina Sofia) ha recorrido estas regiones durante quince años. Algunas fotos pertenecen de una manera tan endémica a su propio mundo que es preciso alguna información adicional para darle algún sentido a quienes nos faltan los puntos de referencia adecuados, como la de un joven trajeado con una flor blanca en la mano: se trata del día de su confirmación, cristianización del antiguo rito de pasaje tras el que el niño pasaba una dura prueba tras la que era considerado un adulto, con derecho a llevar armas. Ahora todo es más sencillo, una simple ceremonia en la iglesia más próxima y ese joven ya ha dejado atrás su tiempo de infancia. O la foto con un grupo de cinco jóvenes en medio de una carretera; se trata de uno de tantos grupos musicales que recorren los pueblos finlandeses donde hay locales para bailar, ofreciendo su repertorio de polkas, tangos, twists y viejos roncanroles. Algunas de las fotos son de los tiempos en que realizó su libro más importante (por haber tenido difusión internacional): Los prisioneros del paraíso. Por su parte, el disco de Maria Kalaniemi, con el título Viimeinen Maa (La Última Tierra) contiene diez canciones, de las cuales ocho son composiciones propias. Además de tocar el acordeón y la armónica, canta unas estrofas sacadas de viejos cancioneros y que vienen a expresar la identificación de los sentimientos de una persona con el paisaje y los ciclos de la naturaleza. Cuando lo escuché por primera vez, me impresionó especialmente el corte 3, Salin hämärissä, traducida al inglés en el disco como La mortecina luz de la granja. Me imaginé a una de esas personas fotografiadas por Rinnekangas abriendo la puerta de su granja en una brumosa mañana otoñal; ante ella se desplegaba una panorama que a ojos extraños resultaría desolador, pero esa persona aspiraba lentamente el aire frío y sonreía desde el fondo de su corazón. Las cosas estaban como debían estar en ese momento y en ese lugar del mundo. Tal vez de Maria Kalaniemi no sea lo más importante su virtuosismo, que lo tiene, sino esa manera de transmitir sensaciones a través de su acordeón. No he tenido oportunidad de escucharla en directo, pero un escritor de la revista norteamericana Snowbound afirma haber llorado ante su interpretación de Los mareados en el festival Nordic Roots. (Esta versión del tango argentino figura en su disco Ahma, publicado en España). Además de sus propios discos como solista o acompañada por su grupo Aldargaz, más otros tres como componente y fundadora de Niekku, también ha colaborado con grupos tales como Helsinki Melodeon Ladies o Accordion Tribe (este con acordeonistas de cinco países), u otros solistas, como su profesor en la Academia Sibelius, Heikki Laitinen, el violinista sueco Sven Ahlbäck o el cantante japonés Halo. Sus discos y giras se complementan con la enseñanza del acordeón en el departamento de música folk (también hay otro de clásica) de la citada Academia donde ella entró como alumna hace veinte años. Muchos de sus antiguos compañeros ahora forman parte de los mejores grupos finlandeses. En 1996 fue el primer intérprete de música folk en recibir el Premio de Finlandia.
Este artículo, publicado en la revista WorldMusic, es un extracto del libro Finlandia, Suomi para los amigos © Manuel Velasco |
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