Los productos del mar siempre han sido la base económica fundamental de la isla. Sus aguas son ricas en rodaballos, lenguados, lubinas y sargos; entre los mariscos están bogavantes, centollas, percebes, nécoras.
Aunque el producto marino más importante con diferencia es el pulpo, ya que aquí se encuentra uno de los mayores criaderos. Puede decirse que desde antiguo el pulpo ha constituido la base de la alimentación de los isleños, llegando a ser utilizado en cierta ocasión como moneda de pago al dueño de la isla a cambio de utilizar los terrenos y las casas. El grado de especialización con los pulpos se refleja en las cuatro formas que tienen de pescarlo:
A la seca, durante la marea baja, buscándolos con un bichero entre las grietas de las rocas.
Al espejo, en la que se utiliza una caja con cristal que permite ver bajo el agua sin reflejos, desde la barca; esta modalidad se realiza también con un bichero, cuando la marea está subiendo y el pulpo sale de su roca para buscar comida.
Con línea, en la que se utilizan la raña, que consiste en un palo con un sedal y un cangrejo atado a modo de señuelo.
Con nasa, que es un artilugio de madera o metal con una red interior en forma de embudo; se coloca un cebo en la trampa y se dejan en el fondo del mar. Para matar al pulpo, una vez llegado a tierra, se sigue la tradición gallega de darle 25 golpes por cada kilo que pese, para ablandar la carne; hace mucho también se utilizaba el método de morderlos para matarlos.
A la hora de prepararlo, se hace en caldeirada con patatas, o a la "feira", siendo en ambas modalidades el plato típico de Ons.
|
Isla de Ons (Pontevedra)

Protegiendo a la ría de Pontevedra de los embates del océano Atlántico, la isla Ons, al igual que sus vecinas Cíes, tiene una posición estratégica dentro de Galicia; en el pasado, tanto invasores y saqueadores como comerciantes y religiosos pasaron por aquí. Fenicios, celtas, romanos, vikingos y musulmanes desembarcaron en Ons, ya que era un lugar idóneo de aprovisionamiento o refugio. Incluso existen leyendas acerca de este uso por parte de los discípulos del apóstol Santiago, según las cuales podrían haber hecho un alto aquí antes de adentrarse por la Ría de Arousa, camino de Compostela.
|
A pesar de tener carencias tan vitales como luz y agua o médico y maestro, durante el verano suelen vivir unos 150 isleños, reduciéndose la cantidad a unos 15 durante los meses de invierno; estos últimos son sobre todo gente mayor y pescadores de percebes. La afluencia turística comienza a mediados de junio y dura hasta septiembre, que es el período de funcionamiento de los barcos que hacen sus travesías desde Portonovo, Sanxenxo o Bueu.
Debido al aislamiento secular, perduran en la isla, aunque ya están casi perdidas, costumbres y tradiciones populares portadoras de una sabiduría ancestral para tratar con plantas y otros elementos naturales casi cualquier tipo de enfermedad, tanto física como espiritual.
|
|
|
UNA RUTA CIRCULAR comienza lógicamente en el puerto de llegada. Al desembarcar pueden verse unas cuantas dornas (típicas barcas de pescadores de las Rías Baixas), varadas en el pequeño puerto con su aparejos de pesca, y una caseta de información turística; a continuación, las casas que componen el barrio del Curro, el mayor núcleo urbano de Ons, donde viven la mayor parte de los isleños. Se puede continuar a la izquierda por un camino de cemento que lleva hasta la pequeña playa dos Cans; si la marea está baja puede verse una sepultura medieval de piedra que se supone contenía los restos de un monje del monasterio que hubo en la isla. No muy lejos hay restos de un antiguo castro celta cargado de años y leyendas de tesoros escondidos.
Siguiendo el sendero se llega a otro núcleo urbano con casas de piedra rodeadas de maizales, hórreos y un lavadero público. Un camino de tierra sustituye al anterior y lleva hasta el campamento juvenil perteneciente a la Xunta de Galicia. Y de allí hasta el mirador de Fedorentos, desde donde puede verse la pequeña isla vecina de Onza; en los días claros se divisan también las islas Cíes. Este es un buen lugar para tomarse un respiro e incluso para reponer fuerzas, ya que hay una mesa y unos asientos hechos de piedra que vienen muy bien para tales propósitos.
Siguiendo la ruta por un camino más pedregoso se llega al Buraco do Inferno, una profunda furna con un agujero de 5 metros de diámetro; como medida de seguridad tiene un bordillo hecho con rocas. Naturalmente también cuenta con sus leyendas: "En los días de temporal se oyen los gritos y gemidos de las almas que tiene atrapadas el diablo", entre estas hay que incluir a quienes se atrevieron a entrar por la abertura de la furna y ya nunca salieron. Las dos cruces de piedra que hay cerca tal vez impidan al diablo salir de su agujero y hacer estragos por la isla. Por un camino rodeado de matorrales (en esta área apenas hay árboles) se bordea la amplia ensenada de Camiveliñas y se llega a un observatorio ornitológico, donde anida el cormorán, que aquí llaman cuervo marino.
Los que no quieran regresar al puerto, continúan por el camino señalizado hasta llegar al faro, situado en el lugar más elevado de la isla. Cerca de allí está el Chan da Polvora, único lugar de la isla permitido para acampar.
A través de un camino bordeado de abundante vegetación, llegan hasta la playa de Melide, la más grande y bonita de Ons. Está rodeada de un bosque de pinos, tiene arenas limpias y está autorizada para la práctica del nudismo. Después de darse un baño y tomar el sol, se puede continuar hacia el extremo de la isla, llamado Centulo; desde allí se contemplan las más bonitas puestas de sol, con la pequeña isla Salvadora en primer plano, y, en días claros, O Grove y la entrada de la Ría de Arousa al fondo.
artículo publicado en la revista Grandes Viajes © Manuel Velasco
|
|