manuelvelasco.com
encrucijadas

irlanda


 

ISLAS DE ARAN

De igual que numerosas familias europeas mandan sus retoños a estudiar inglés a Irlanda, las familias irlandesas hacen algo parecido mandando a sus hijos durante el verano a las islas de Arán, para que aprendan el gaélico o irlandés, que aquí, en la región más aislada de Irlanda, nunca dejó de hablarse. De hecho, hasta hace poco los isleños ní hablaban inglés; y si lo hacen ahora es casi exclusivamente de cara a los ingresos que aportan los turistas.

En los años en que el cine aun desconocía el color, el documentalista O'Flaherty dio a conocer al mundo una tierra y unas gentes cuya forma de vida tenía que ver más con la tragedia que con el bienestar. La película era Hombres de Arán, otro clásico no menos importante que El hombre tranquilo, que dio a conocer al mundo el tipo de vida irlandeés. Ahora, la vida ya no es una lucha continua con el mar y el viento; el turismo mantiene varias líneas de trasbordadores, hoteles y pubs, así como muchos hombres que llevan a los visitantes en sus coches de caballos. También son célebres en Irlanda los jerseys que llevan el nombre de las islas, hechos con la buena lana y un diseño característico.

El terreno de la isla de Inishmore, la más grande de las tres, está dividido hasta el vértigo por pequeñas paredes de piedra; no son campos de cultivo sino lugares destinados a que pastaran las ovejas de cada propietario. Las piedras las tuvieron que quitar para que creciese la hierba y lo mejor que pudieron hacer con ellas fue levantar esas laberínticas y omnipresentes paredes.

Dun Aengus es un antiquísimo fuerte; su doble muralla semicircular, hecha piedra sobre piedra -miles y miles de ellas- protegía contra los que llegaban de tierra, ya que la parte trasera de la fortaleza no necesitaba protección, es decir, contaba con la mejor protección de todas: un acantilado totalmente vertical de más de cien metros de altura. Desde allí se divisa una cadena de acantilados igual de sobrecogedores, que parecen esculpidos por ese océano que estalla a sus pies, ola a ola, sin conceder ningún tipo de tregua.

© Manuel Velasco, autor de BREVE HISTORIA DE LOS CELTAS