manuelvelasco.com |
|---|
Frailecillo común Frailecillo cornudo Frailecillo de Kamchatka
texto y fotos © manuel velasco
|
FRAILECILLOSDe entre todas las aves que habitan el norte del Atlántico, destaca por méritos propios la figura casi cómica de los frailecillos, que resulta la más simpática tanto a los ojos de los nativos como de los visitantes del sur. Estas aves pertenecen a la familia de los alcidos (alcidae) junto con sus "primos" araos, alcas y mérculos, todos ellos habitantes habituales de las latitudes marinas más frías del hemisferio norte. De cuerpo robusto, aunque de aspecto algo torpe, suele tener entre 30 y 35 cm de alto y unos 50 cm de envergadura. Su peculiar pico triangular y comprimido lateralmente -que le da su imagen más característica- es de colores rojo, amarillo y negro; cuando son jóvenes, lo tienen más pequeño y de color gris oscuro con rayas rojizas. La parte superior es negra y en el cuello lucen un collar del mismo color. La parte inferior, las mejillas y la garganta son de color blanco y las patas anaranjadas. El plumaje nupcial se destaca por el contorno oscuro del ojo y la línea que le llega hasta la nuca. Cuando ha finalizado la época de cría, el color de la cara se vuelve gris y el pico se hace más pequeño y más amarillo. Entonces se traslada en bandadas mar adentro por la misma región y pasa gran parte del tiempo zambulléndose en el agua, usando sus alas para impulsarse en busca de peces. Como animal gregario, anida con otros miembros de su especie en grutas y cavidades naturales de islas rocosas, cornisas o las partes superiores de los acantilados. Muchas veces escarban ellos mismos una galería entre la vegetación que suele alcanzar el metro de longitud; al fondo del pasadizo hay un ensanche recubierto de hierbas y plumas que la hembra se arranca de su pecho, donde pone un único huevo. La incubación es larga respecto a otras aves: entre 35 y 40 días, realizándola fundamentalmente la hembra. Las crías tienen un plumón espeso, suave y de color oscuro y salen del nido a las 7 semanas. Las parejas de frailecillos suelen volver año tras año al mismo lugar y al mismo nido; incluso se ha comprobado que en las islas Westmann, de Islandia, han regresado después de la erupción volcánica de 1973, intentando inútilmente buscar su viejo nido bajo la capa de lava. Cuando se les captura en sus cavidades por el expeditivo método de meter un brazo, se aferran tan fuertemente a la mano con el pico que se les puede sacar simplemente tirando y arrastrándolos hacia fuera; pero el intruso, si no va protegido, puede encontrarse con una profunda herida que podría llegarle hasta el hueso. En algunas regiones de los países nórdicos se les suele cazar para comérselos, para ello utilizan el método antes citado, sustituyendo el brazo por un largo palo o también con una especie de cazamariposas, en cuyas redes quedan enganchados mientras vuelan. Algunos cazadores hábiles de Islandia llegan a cazar más de mil frailecillos en un día, sin que aparentemente afecte a las enormes colonias. Claro que, en contrapartida y siguiendo una especie de ley no escrita que dice que sólo puede comerse a los adultos, a finales del verano los niños salen a las calles con cajas de cartón donde meten a los frailecillos jóvenes que han volado hacia los núcleos urbanos atraídos por las luces y finalmente caen al suelo extenuados, al no encontrar comida ni un lugar familiar donde posarse; los niños los meten en las cajas y los llevan a la costa para echarlos al mar, salvándolos de momento del peligro de desaparecer bajo las fauces de perros y gatos o las ruedas de cualquier automóvil. Eso sí, es muy posible que alguno de ellos cuando llegue a adulto acabe en el estómago del mismo humano que lo ha salvó, pero mientras tanto tendrá la oportunidad de vivir su vida libremente y contribuir a la supervivencia de su especie. Sabedores de la frágil continuidad que conlleva poner un único huevo por temporada de reproducción, cuando muere un frailecillo que estaba incubando un huevo, otro frailecillo se encargará de continuar con la incubación y si este también desaparece, otro más ocupará su lugar y así sucesivamente. Una de las más graciosas imágenes del frailecillo es verlo con unos pececillos plateados colgando de su pico. Estos pececillos los captura para alimentar a los polluelos, aprovechando su gran habilidad para nadar y bucear; cuando no se conforman con llevar uno sólo, repiten la operación hasta llenar todo el pico, aparentando desde lejos que tienen un espeso mostacho. Aunque de vez en cuando se tragan uno de estos pececillos, el ave adulta prefiere alimentarse de crustáceos y otros pequeños animales marinos. Blog nórdico |
|---|